No.1902
Hablamos un rato. Traté de ser lo más esquivo e indiferente que pude, pero ella no dejaba de hablar. Yo solo respondía con monosílabos, pero ella hablaba demasiado. Finalmente, quiso saber qué pasaría después con nosotros (al parecer, nuestro encuentro no se le hizo incómodo). Le respondí divagando y mencionando cosas que, por lo que me platicó durante ese tiempo, entendía que no le gustaban. Terminé diciéndole que lo mejor sería que hiciéramos como que no nos habíamos visto ni conocido, que solo había aceptado la reunión con ella para que no viviera con el miedo de que alguien la estaba observando y que ese alguien le podía hacer algo malo.
Lo raro era que no tenía ese miedo. De hecho, le había contado a sus amigas sobre la situación y ellas, como personas cabales, le habían advertido al respecto. Como parece ser muy habladora, también se lo había dicho a un amigo suyo, quien, también muy cabalmente, le dijo que seguramente era porque parecía fácil aprovecharse de ella y que yo quería hacerlo (en un principio así era). Pese a todo eso, lo que a ella le importaba era el hecho de que un hombre se había fijado en ella. Sentí su tristeza y ganas de llorar cuando le pedí que dejáramos de hablar.
Aún con lo mal que fue la cita y lo claro que dejé el hecho de que no quería nada con ella, después de despedirnos me mandó un mensaje por Instagram diciendo que le caí bien y le parecí lindo. Me siento triste por ella; literalmente aceptaría a cualquiera que le preste un poco de atención. Y digo "cualquiera" porque somos prácticamente desconocidos: no hemos intercambiado más de 50 mensajes en dos semanas y solo nos hemos visto una vez. Ahora que ya sabe que no soy un acosador, la bloqueare